Piratería

RICARDO ARJONA
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LA PIRATERÍA DE CADA DÍA

Por Moisés Pinchevsky.

Hoy estoy dispuesto a pecar, a ser corrupto, a tomar algo que no me pertenece. La política no será el medio para cumplir mi propósito, sino el firme deseo de adquirir un CD falsificado. Este martes de calor infernal comienza temprano, y la rutina me obliga a enterarme en la prensa que la última productora discográfica del país, J.D. Feraud Guzmán, entró en liquidación asfixiada por la piratería de discos compactos.

Es el cadáver más tibio de la injusta batalla que libran las empresas que comercializan CDs a un promedio de $ 15 por unidad, contra los vendedores informales que expenden copias falsificadas a $ 1.

La piratería provoca desempleo en el lado formal de la industria, mientras que entre los informales es un negocio redondo y compacto (como un CD) que alimenta a miles de familias. Es imposible negar que en éste país de economía lánguida resulta una excelente opción invertir $ 100 para comprar 200 compactos piratas, los cuales pueden ser comercializados con un 100% de ganancia. Es así que el 95% del mercado discográfico está cubierto por reproducciones “de a dólar”.

Con el disco de la ilegalidad tocándome en la cabeza, salgo rumbo al corazón de la piratería, al contrabando y a la venta informal: El sector comercial de la Bahía. Tras caminar un par de cuadras en este torbellino submercantilista me enfrento a una sucia plancha de madera donde los clones de Juan Luis Guerra, Camilo Sesto, Shakira, Alejandro Sanz, Alejandro Fernández, Juanes, entre otros artistas.

Estéban Piguave es el manabita que atiende. Es un hombre en sus cuarenta con bigote y una almohada de carne bajo la camisa. “Diga no más”, me dice, pero yo no digo nada. Estoy en la etapa de reconocimiento, el típico “mirada” que ve y toca mucho antes de comprar.

Mi presencia no incomoda al minorista entre otras razones porque en los 5 minutos que transcurren vende cuatro compactos a tres clientes distintos, entre ellos uno de Kiluba a un padre de familia de aspecto humilde que pregunta por el CD, recibe la caja, la abre, huele el disco y se lo lleva tras pagar su dolarazo. Todo en 6 segundos.

- ¿Tiene el último de Alejandro Sanz?, pregunto.
- Claro. Patrón, me responde el comerciante antes de buscar al artista en una mochila azul y entregármelo.

Abro la caja y se me ocurre oler el disco pero me aguanto. Dos chicas se acercan para preguntar por Ricardo Arjona. Lo compran y se marchan mientras yo sigo pensando en llevarme al cantautor de No es lo mismo. Mientras tomo la decisión me acuerdo de J.D. Feraud Guzmán, del respeto a los derechos de propiedad intelectual, de la corrupción y de una industria atacada por una competencia desleal. También recuerdo haber leído que el artista invirtió más de un millón de dólares para sacar su disco al mercado decente. Aún así pago mi dólar y me retiro.

NUEVOS CONSUMIDORES

Rubén Aroca, sociólogo y docente universitario, cuenta que la industria pirata ha logrado gran parte del mercado que satisface, porque la mayoría de las personas que adquieren las falsificaciones carecen de los recursos económicos para comprar bienes originales. “Las reproducciones ilegales llevan productos de la cultura a un sector socioeconómico que antes no podía adquirirlo por su alto costo”, afirma explicando que la tecnología permite éste fenómeno. “Esta es una revolución que recién comienza, y en materia cultural solo puede compararse con el inicio de la educación laica” sostiene.

Los compradores del pirateo no sienten remordimientos, no piensan en empresas en liquidación, ni en derechos de autor, ni en mafias que controlan un mercado. “Lo único que experimentan es la sensación de adquirir un producto barato”, finaliza.

En otras palabras, la piratería existe como simple respuesta a los mecanismos de la oferta y la demanda. La oferta existente (con precios considerados altos para las amplísimas clases media y popular) no concuerda con la demanda (dispuesta a sacrificar algo de calidad por un costo menor). Entonces aparece una versión más barata que complace a la demanda insatisfecha. El tema sería muy sencillo si no existiera un aspecto moral de por medio.

¿CORRUPCIÓN BLANCA?

Immanuel Kant creía que una acción era normal si se podía universalizar. Es decir que para establecer si la mentira estaba justificada en la sociedad, bastaba con imaginarnos qué pasaría si todo el mundo mintiera.

La piratería es una clara excepción a la regla del filósofo alemán, porque el echo de que esté universalizada en nuestro medio, no significa que el irrespeto a la Ley de Propiedad Intelectual sea un acto moral.

Esto no ha evitado que compactos ilegales de todo tipo circulen sin control por las calles, películas de estreno sean productos expedidos a precios muy por debajo de una copia original y los libros falsificados tumben de los estantes a los originales.

Cruzo la calle distraído la calle preguntándome desde cuando la imaginación de Kant se respira en la rutina de Guayaquil. Aunque universalizar un delito parezca materia para un ejercicio filosófico, la cotidianeidad local lo ha hecho posible.

Esta realidad debe ser, sin duda, una forma de corrupción social. Una corrupción que en la escala del sociólogo alemán Arnold Heideheimer puede ubicarse como blanca, porque nadie se avergüenza de cometerla. Sin embargo, debería ser motivo de, al menos, algún tipo de reflexión por parte de los ciudadanos que suelen renegar de la podredumbre de la clase política. La piratería hace posible que la corrupción también duerma en casa. ¿Se ensucia menos el corrupto pálido que compra CDs pirayas o cohecha a un vigilante de tránsito para evitar una sanción? Tales preguntas se me complican, porque la voz acústica de Alejandro Sanz suena desde mi mismísima maleta.

HISTORIA DE HORROR

Otra inquietud: ¿Por qué las autoridades persiguen a las tiendas comercializadoras de música y películas legales para verificar que trabajen conforme la ley, mientras que los productos falsificados se vendan tan libremente?

La última cuestión proviene de Sebastián Meira, supervisor del almacén de música Tower Records, en el mall San Marino. La respuesta que exige es complicada, e incluso puede resultar peligrosa. “Meses atrás un empresario de discos legales (no dio el nombre) hablo en un programa de televisión sobre la piratería. Cuando salió del canal recibió una llamada anónima a su celular: era para amenazarlo”, dijo.

Este sería un tema para una película de Freddy Krueger y Jason Voorhees, que se miran desafiantes en la portada de un DVD que a la pasada me ofrecen a $ 2. “Es lo último en terror”, me dice el vendedor. Y le creo.



LA ISLA DEL TESORO PROHIBIDO

Las disqueras del país registran pérdidas desde hace 3 años. Hoy los CDs piratas abarcan el 95% del mercado discográfico ecuatoriano, y en el 2001 arrebataron a la industria legal $ 102 millones y al Estado $ 60 millones en impuestos. En lo que va del año han ingresado 25 millones de CDs en blanco destinados a reproducciones ilegales.

Blockbuster es la única tienda en el país que importa películas originales pagando todos los impuestos de ley. Ellos han sufrido un decremento en sus ventas del 35%.

PROGRAMAS MALDITOS

El Ecuador registra el 59% de piratería en sistemas software, causando un prejuicio de $ 7,4 millones a la industria, según datos del 2002 recabados por la empresa internacional Planning and Research Corporation.

Representantes de los sectores de software, música, libros, artistas y películas de video conformaron la Alianza Antipiratería, para, junto al Ministerio de Comercio Exterior; el Municipio de Quito, Projusticia y el Instituto Ecuatoriano de propiedad Intelectual combatir la piratería en el Ecuador.




LIBROS ILEGALES

Jaime Pérez, propietario del El Libreto, considera que pese a que hoy existe poca venta de libros piratas si constituye una amenaza latente. Por eso considera que las autoridades deberían realizar un mayor control para frenar ese negocio. A su criterio, los autores más copiados son Carlos Cuauhtémoc Sánchez y Paulo Coelho y ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson.

“El original de esta obra cuesta $ 13 y en el mercado pirata se la encuentra a $ 3 o $ 4”, indica Alex Sigcho, representante de la librería Sagitario.

Margarita de Baquerizo de la librería Vida Nueva, presidenta del sector de libros y revistas de la Cámara de Comercio de Guayaquil, reconoce que hasta el año de 1999 importó libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, pero debido a la piratería dejó de hacerlo.

Hace poco Margarita fue visitada por un “famoso distribuidor de libros de Quito” (no reveló el nombre de la persona) para ofrecer mercadería. Al revisar la lista de precios vio que tenía libros de Cuauhtémoc a $ 1,20. Pero la mayor sorpresa fue encontrar a este librero pirata en la pasada Feria del Libro en Guayaquil, donde tenía su stand en el que ofrecía su mercadería.

La titular de Vida Nueva reconoce que frenar la piratería es una tarea “casi imposible”, pero la labor de la Cámara de Comercio se centra en despertar conciencia entre propietarios de librerías y directores de centros educativas para que no caigan en esas redes.





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Piensa en los millones que pierde tu país cuando to compras CDs falsificados.
Si en verdad valoras a tu artista favorito, compra sus CDs originales.